Cuando el silencio no es bueno

02/06/2017

El silencio es un arma de doble filo. Puede ser muy útil para enfriar una discusión, reflexionar, dar tiempo a las cosas… pero hay muchos momentos en que el silencio no es bueno.

 

La comunicación es la vida de las relaciones, en todo aspecto, en la familia, en el trabajo, en la amistad. La comunicación es una herramienta de diálogo y conexión con los demás. Pero ¿cuándo es dañino el silencio entonces?

 

El silencio es dañino cuando se van distanciando las partes, alejando a los seres queridos, y aun puede llegar a cortar una relación significativa por la indiferencia.

 

El silencio es dañino cuando evita la resolución de conflictos en una relación, en donde el diálogo y la conexión son necesarios para que la relación funcione. El silencio es dañino cuando se usa como manipulación, cuando uno se retira del diálogo para castigar o distanciar a la otra persona. Con la excusa de que el conflicto es demasiado difícil o imposible de cambiar, el silencio nos aleja de las soluciones. El silencio daña cuando la otra persona se siente marginada, alejada, o ignorada, sea por una percepción de castigo, de enojo, o de resentimiento. En el silencio no se ponen palabras a la vivencia, y en este silencio, se van hiriendo las partes. En el silencio no se conoce el por qué, no se conoce la razón. Cada uno se va escondiendo detrás de una coraza de indiferencia, intentando tapar el dolor.

 

El silencio dañino crea una ilusión de tranquilidad, de paz, cuando en realidad es simplemente ignorar o pasar por encima los problemas que siguen existiendo. Y es más, estos problemas potencialmente empeoran por la falta de atención y resolución. El silencio que ignora la realidad destruye a la familia. 

 

¿Qué hacer para vencer el silencio dañino?

Enfócate en confrontar las emociones dañinas que te están llevando a un silencio malo, y llega a la raíz de tus propias heridas. Luego enfócate de manera cuerda y racional en la solución del conflicto. Extiende tus palabras hacia el diálogo, hacia la reconciliación. No acuses, no señales, no uses la violencia. Pero sí desde la tranquilidad, expresa la necesidad de retomar la conexión, de sanar heridas. Y si tratas con una persona encerrada en el silencio, ten paciencia, y comienza con pequeños pasos a restaurar la relación, desde la tranquilidad, haciendo preguntas, interesándote por la otra persona, y no ataques ni recrimines. El fin de la buena comunicación es construir, no destruir. Retoma el contacto con tus seres queridos que han quedado desplazados y olvidados.

 

Comienza hoy a construir puentes que unen a través del buen diálogo y la comunicación.

 

 

 

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