La batalla de los pensamientos

31/03/2017

Cuando no tratamos adecuadamente nuestros pensamientos, terminamos con una actitud de derrota. Quien cree que nada puede hacer frente a una situación, es decir, quien está resignado y desesperanzado, mayores posibilidades tienen de tener problemas cardíacos y presión alta. Los pacientes gruñones demoran más en recuperarse que una persona esperanzada. Tal es el análisis de los médicos.

 

Un juez analizó a centenares de jovencitos delincuentes que pasaban por su juzgado, y llegó a la siguiente conclusión: La mayoría de los adolescentes delinquían por creerse ineptos frente a la vida: es decir, arrancaban con un sentimiento de inutilidad y derrota desde sus años tempranos. Gran parte de esta formación se arrastra desde los hogares de infancia:

Padres negativos tienen mayores posibilidades de formar hijos negativos.

Padres despectivos y burlones tienen mayores posibilidades de formar hijos que se consideran inútiles. Las palabras hirientes van marcando la vida de los pequeños y crecen pensando mal de sí mismos.

 

Una historia con lección y humor: Una empresa muy importante solicitaba un cargo gerencial. A la hora de recibir a los candidatos, la oficina se llenó de jóvenes en traje y corbata, bien vestidos y con excelente presencia. Entre estos jóvenes, se ubicó un joven desgarbado, con barba desaliñada, ropa sucia y gastada. Respetando el derecho de cada persona a recibir una entrevista, el entrevistador fue llamando de uno en uno, también llegando el turno a este joven mal presentado.

-¿Por qué ha venido hoy a ser entrevistado?-le preguntó el entrevistador.

El joven desgarbado dijo:

-En el aviso del diario decía “inútil presentarse sin referencias”. Y yo soy un inútil, señor.

 

¡Qué triste que una persona se considere incapaz o inútil! Pero lo que pensamos afecta directamente nuestras vidas.

 

Nuestras mentes y nuestra manera de pensar influyen en gran manera sobre nuestro bienestar. La investigación médica ahora reconoce que es imposible separar la salud mental de la salud física. Lo que uno cree realmente, afectará al cuerpo tarde o temprano.

 

Cuando uno está por dar un discurso o dar una clase, puede que tenga dolores de estómago y dolores de cuello que afectan a la cabeza...consecuencia de la ansiedad antes de realizar algo. Una de las maneras más eficaces de combatir estos sentimientos, es a través de la preparación y el buen uso de la inteligencia.  Anticiparnos y prepararnos para la situación disminuirá la ansiedad. Estar en reflexión y meditación antes de tomar una decisión, aliviará el estado nervioso.

 

La información es útil: al comprender situaciones y buscar informarnos al respecto hará que tengamos mayor capacidad de enfrentar situaciones.

En estos tiempos no hay excusa para la ignorancia, por ejemplo, respecto a los hábitos de comida. Sería una torpeza de nuestra parte ignorar los buenos consejos de alimentación y dieta para las personas y para determinados problemas tales como obesidad, diabetes, presión alta, etc. Si uno descuida su salud, difícilmente podrá disfrutar de la vida.

Nuevamente el problema vuelve a la batalla en la mente. Una persona con problemas de alimentación, por ejemplo, puede llenarse de pensamientos de inutilidad y abandono.

“Nada puedo hacer por mi peso. Nada puedo hacer por mi dieta. Mejor me resigno y no me esfuerzo más. Total, ya lo intenté y nada puedo cambiar. Es demasiado difícil para mí.”

¡Esta persona ya tiene a la derrota arraigada en sus pensamientos! Intentará vez tras vez superar su conducta, pero terminará en la derrota. Su mente y su manera de pensar lo han derrotado. Pero una persona que tiene un problema y quiere superarlo pensará:

“Mi salud es importante. Mi vida es importante. Cada vez que descuido mi salud, descuido la maravillosa máquina que es mi cuerpo. Lo que logre con mi disciplina me traerá grandes satisfacciones. Seré una persona más útil, y será un buen ejemplo a otros. Si logro este desafío, podré animar a otros a lograrlo también.”

 

Un médico afirmó lo siguiente: Limita el riesgo de la enfermedad al considerar todo lo que comes como algo que será parte de tu vida para siempre. ¿Es una comida sana que construirá buenos músculos, tejidos y huesos? ¿O es comida chatarra que tapará tus arterias y deteriorará tu marcha en el futuro?

 

De la misma manera debes observar tus pensamientos.  Analiza tus pensamientos de derrota y reemplázalos por pensamientos optimistas.

¡Cada vez que elimines un pensamiento de tristeza o fracaso y lo transformes en un pensamiento de esperanza, ganarás una batalla más en tu mente!

 

 

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