¡Dale alivio a tu cerebro! El efecto Zeigarnik

25/01/2017

 

Hay asuntos que necesitas resolver y definir (y no lo haces), y tu cerebro comienza a funcionar como las rueditas de los hámsters en la jaula… Es tan común hoy tener la mente llena de preocupaciones que giran y giran todo el tiempo sin parar.

 

Una psicóloga rusa, Bluma Zeigarnik, junto a su profesor Kurt Lewin, estando en Viena en 1927, observaron que los mozos en los restaurantes solo recordaban los pedidos durante el proceso mismo del servicio; luego, al completar el pedido, desaparecían de la memoria de los mozos. Ella comenzó a analizar este fenómeno y así quedó su nombre identificado con este efecto, el efecto Zeigarnik.

 

Una manera de entender el efecto Zeigarnik es observar las series de televisión que semana a semana producen una incógnita al final del programa para mantener a los espectadores en vilo hasta la semana siguiente. “Continuará…” nos dicen las series, creando expectativa y ansiedad de continuar viendo el programa.

 

Charles Dickens, el célebre novelista inglés, utilizaba esta técnica. Muchas de sus obras, como la de Oliver Twist, comenzaron como series, creando el suspenso y la ansiedad del próximo fascículo. Era tal el suspenso creado por sus series que los lectores de los Estados Unidos iban al puerto de Nueva York para esperar el siguiente embarque de sus libros que llegaba de Inglaterra. El escritor y productor de cine, Alfred Hitchcock, utilizaba esta idea para producir suspenso y ansiedad en sus películas.  En el libro “Las mil y una noches” ocurre esta idea, en donde un sultán persa desposaba una mujer cada noche y luego la decapitaba a la siguiente.  Sherezade, para evitar este final trágico, le contó una historia al sultán que no concluyó hasta el día siguiente, de tal manera que el sultán esperaba otra noche más y no la decapitaba. Continuó así con sus historias en suspenso que ella sobrevivió las mil y una noches y se convirtió en reina. El juego de Tetris es atrapante por la misma razón, produciendo un problema y a la vez una solución vez tras vez.

 

La constante preocupación por situaciones pendientes y no resueltas no solamente agrega al estrés, sino que el cerebro comienza a embotarse y deja de funcionar bien. El cerebro necesita orden y enfoque para resolver los problemas.

 

Pero, ¿qué se puede hacer ante tanta ansiedad y tensión? Al analizar estas historias, deducimos que la gente que logra activarse hacia la solución tiene mayores posibilidades de continuar y concluir. Pero hay que vencer la procrastinación (el hábito de retrasar o demorar en cumplir una acción, responsabilidad o tarea). Para vencer la procrastinación lo mejor es comenzar con un pequeño paso y arrancar. Luego el cerebro querrá buscar avanzar y dar cierre a la actividad.

 

Comienza escribiendo en una lista todas tus preocupaciones. Luego, al lado de cada preocupación, escribe una o más posibles soluciones o acciones. Al realizar esta tarea tan sencilla y eficaz, el cerebro comienza a descansar, y concluye el efecto Zeigarnik.

 

Engaña otro poco más a tu cerebro: comienza con la tarea más sencilla y fácil en cada punto en tu lista, y si logras esto, es muy probable que continúes hacia las demás actividades. Tu cerebro querrá “continuar” avanzando en la solución del problema. Imagínate como que estás viendo una película intensa de acción y a diez minutos antes de concluir ¡se corta la electricidad y quedas en suspenso, anhelando concluir la película! Así tienes que crear el deseo de activar y dar solución a aquello que te preocupa.

 

Muchas de nuestras ansiedades son simplemente el producto de nuestra tensión mental, ya que las cosas incompletas o postergadas o ignoradas reclaman un cierre mental de la tensión. Al no dar continuidad o cierre a la tensión, crecemos en ansiedad. Y así continúa la rueda de hámster.

 

Nota importante: El efecto Zeigarnik no funciona bien cuando no estamos interesados en la resolución del problema o no tenemos motivación hacia la meta. O sea, asegúrate en tu lista de escribir los problemas que realmente quieres solucionar, o situaciones que quieres mejorar.

 

Cuando te sientas y tomas tiempo (de manera regular, y si es posible, todos los días) para analizar tus preocupaciones y posibles soluciones, despejarás a tu cerebro para funcionar con mayor claridad. El cerebro funciona mejor al tener los problemas y ansiedades conectadas a las soluciones: planes, definiciones y objetivos en la vida de la persona. Es más, cuanto mayores sean tus problemas, divídelos en pequeños pasos y soluciones que apunten a paso a paso alcanzar la solución del problema. El cerebro necesita saber que hay orden, y que estás organizando los problemas para resolverlos.

 

¿Quieres disminuir tu ansiedad? Toma lápiz y papel y comienza a trabajar en lo que has aprendido respecto al efecto Zeigarnik.

 

¡Dale alivio a tu cerebro!

 

 

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