ARRIESGAR ES VIVIR

 

El riesgo es parte de la vida. Muchas veces amamos el riesgo, y muchas veces huimos del riesgo. O simplemente no lo tomamos en cuenta cuando, en realidad, la vida significa continuos desafíos y riesgos. Pero ¿qué significan verdaderamente los riesgos que llevan al crecimiento, al potencial?

 

La palabra "riesgo" viene del italiano, que se tomó de una palabra en árabe que se podría traducir como “lo que depara la providencia”, haciendo referencia a la proximidad o posibilidad de un posible daño. Generalmente tomamos esta palabra para significar peligro o amenaza. Significa la posibilidad de perder algo o alguien, de tener un resultado no deseado, negativo o peligroso. El riesgo implica vulnerabilidad y que las consecuencias no siempre sean positivas.

 

En lo cotidiano, cada día que nos levantamos, tomamos decisiones y tomamos rumbos que pueden implicar riesgos, desde riesgos pequeños a riesgos mayores. Pero en este artículo la idea es hablar sobre los riesgos “calculados y deliberados” que nos llevan a crecer, cambiar, avanzar. Los podríamos llamar los “buenos” riesgos: los riesgos que son parte de una vida que no quiere acomodarse ni estancarse.

 

El Dalai Lama dijo: “Ten en cuenta que el gran amor y los grandes logros requieren grandes riesgos.”

 

¿Quieres crecer en amor, quieres tener más logros? Tienes que correr el riesgo. Sin el buen riesgo no buscaríamos los cambios que necesitamos, la adaptación que nos requiere la vida, ni tendríamos una vida que desafíe nuestro potencial.En los riesgos hay que analizar algunos costos, que si bien pueden significar dolor o dificultad, a la larga son para bien.

Está el riesgo de ser vulnerables. Esto significa que en la vida sufriremos decepciones, traiciones, injusticias. Pero igual seguiremos esforzándonos en vivir de manera recta, en ser personas lo más justas posibles. Muchas personas, al vivir una situación de vulnerabilidad, cierran sus corazones, cierran sus mentes y se aíslan detrás de un caparazón, esperando nunca más ser heridos.

Pero la realidad es que, si bien logren intentar disminuir el dolor, perderán la emoción de vivir a pleno y volver a emprender riesgos. Habrá el riesgo de la tristeza, habrá lágrimas, habrá desacuerdos… tu corazón sufrirá quebranto… pero el riesgo te llevará a volver a la vida, a levantarte y superarte… para volver a intentarlo nuevamente. Esto significa un “buen” riesgo. Quien vive la vida en plenitud cada día se expone a los riesgos, pero sabe que vale la pena. Que mejor es intentarlo que quedarse cruzados de brazos.

 

Arriesgar significa sonreír mucho, perdonar mucho, reír y abrazar mucho, y amar cada día. Significa quebrar la indiferencia reinante, la apatía de otros, de romper barreras de quedadez… y volverse de lleno a la vida.

Significa hacerse cargo de la propia felicidad y bienestar. El “buen” riesgo significa ser responsable de las propias acciones y decisiones. Es dejar de esperar en los “demás” para tomar iniciativa o cambiar. El buen riesgo significa tomar iniciativa y tomar la delantera. A cuánta mayor capacidad de hacerte cargo de tu bienestar, mayor capacidad tendrás de poder crear el presente y el futuro que deseas.

 

El “buen” riesgo es dejar de echar la culpa a los demás por lo que tienes, por lo que no tienes, por lo que te han hecho, o por lo que no te han hecho. Es dejar de fabricar excusas que te alejen de tu propia capacidad de ser feliz.

 

“Acepta los riesgos, toda la vida no es sino una oportunidad. El hombre que llega más lejos es, generalmente, el que quiere y se atreve a serlo”, afirmó Dale Carnegie. Toma cada mañana como una oportunidad, para estirarte un poco más a crecer.

 

El “buen” riesgo significa dejar las cosas atrás, lo viejo, lo que ya pasó, lo que nos hirió, para volver a comenzar. Perdemos fuerzas y entusiasmo cuando vivimos aferrados al dolor, a la tristeza y a los fracasos del pasado. El verdadero riesgo es vivir el día de hoy libre de cargas y pesos para encaminar lo nuevo y dinámico de cada día. Cierra la puerta de lo viejo y abre la puerta a lo nuevo. Lo pasado es lo “viejo y conocido”, lo presente y lo futuro es el “buen riesgo por conocer”.

 

La Madre Teresa dijo: “El amor, para que sea auténtico, debe costarnos.” Pero si amamos de manera auténtica, aunque cueste, es hacer de este mundo un lugar un poco mejor, un poco más amable.

 

El buen riesgo es ir en contra de tanto malestar en nuestra sociedad. El buen riesgo es construir en lugar de destruir. El buen riesgo es alentar en lugar de desalentar. Es sumar en lugar de restar. Es aportar en lugar de quitar. Es levantar en lugar de tirar abajo. El buen riesgo es abrazar en lugar de golpear y herir. El buen riesgo es perdonar en lugar de odiar.

 

Mary Lou Cook dijo: “Para abrir nuevos caminos, hay que inventar; experimentar; crecer, correr riesgos, romper las reglas, equivocarse… y divertirse.”

 

El buen riesgo es amar y hacer el bien que podemos. Tácito escribió: “Ama y haz lo que quieras. Si callas, callarás con amor; si gritas, gritarás con amor; si corriges, corregirás con amor; si perdonas, perdonarás con amor.” Quien ama, arriesga continuamente, pero ¿habrá otra mejor manera de vivir?

 

El buen riesgo es como el arco iris después de cada tormenta. Se atreve a salir y brillar.

 

 

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