¡Hay que llegar a la arena!

 

Vez pasada tuve la dicha de recibir y alojar amigos muy queridos en casa...con la complicación que había desbordado el pozo negro de la casa... ¡Qué situación engorrosa! Así que, a la fuerza, tuvimos que levantar todo y descubrir el problema con el pocero...había que hacer un pozo nuevo. ¡Ufa! Dicho y hecho, se comenzó a trabajar en cavar un pozo nuevo. No quedaba otra alternativa. (Nuestro bolsillo también sufrió una perforación, de paso...) Se descubrió que el pozo original se había construido de manera muy poco profunda.

 

Comentando esta situación a un amigo conocedor del tema, me preguntó cómo se estaba haciendo el pozo. Cuán hondo era por la zona, cómo se conectaba el pozo...y en un momento me preguntó: -¿Llegaste a la arena?

-¿Cómo?- le pregunté.- ¿La arena?

-Sí. La arena. El pozo tiene que llegar a la arena, si no, no va a drenar, y el pozo se va a volver a tapar. Si el pozo llega hasta la arena, todo está bien...

Y su pregunta me hizo reflexionar. ¡Cuán parecido es el pozo negro a la vida!

 

Me puse a pensar en tantas personas, (incluida yo misma) que hacíamos todo tipo de malabarismos, acomodos, contorsiones...para precisamente NO llegar a la arena. Ponernos de pie, de cabeza, mirar hacia arriba, mirar hacia abajo...¡pero el pozo no llega a la arena!

¿De qué me habla llegar a la arena, allá en el fondo del pozo?

Me habla de llegar al punto de perdonar las ofensas, soltar los que nos hirieron, llegar al punto en donde ocurren los cambios. ¡Ay! ¿Llegaremos al lugar de los cambios?

 

¡Porque seguimos haciendo monerías sin cambiar lo que debemos cambiar! Racionalizamos, excusamos, filosofamos... pero no llegamos a la arena. No llegamos al punto de desprendernos de tanta cáscara y tanto activismo. No llegamos al punto en donde somos corregibles, donde somos tratados en el orgullo, al lugar en donde lo esencial desplaza lo superficial...en donde los valores son confrontados y puestos a prueba.

 

¡Hay que llegar a la arena! Simboliza soltar todas las cosas tóxicas que voy juntando día a día... me enseña que debo soltar aquello que me amarra... me exhorta a tocar fondo de una vez en temas que vengo arrastrando por años. Me desafía a vivir más liviano, menos aferrado, más dispuesto a oír la voz y el susurro de la reflexión sabia en medio del ruido...

¡Me habla de una ecología espiritual y emocional! Desprenderme de lo que no sirve para poder abrazar lo nuevo. Lo nuevo en lo espiritual. Lo nuevo de cada día...

 

Así que salí y hablé con el pocero que estaba cavando furiosamente en mi patio:

- ¡Dele, nomás, señor, llegue hasta la arena! No deje de cavar hasta llegar al fondo...

 

(Y ya que estamos, espero tener pozo negro para rato...)

 

 

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