DÍA NUEVO, ¡AQUÍ VAMOS!

16/07/2015

 

Cada día que nos levantamos enfrentamos muchos desafíos. Y estos desafíos traen estrés. Hay estrés por fatiga, presiones, y enfermedades, por hacer demasiadas cosas a la vez. Sin embargo, hay un causante de estrés que pocos conocemos—el estrés de encontrarnos ante demandas ante las cuales creemos que no hay salida. El estrés de la impotencia, podríamos llamarlo, el estrés de creer o pensar que no hay opciones, no hay alternativas. Que al problema solo le colocamos un moñito y ahí lo dejamos, como una herida intocable. Pero sería bueno reflexionar que nada escapa a la esperanza, nada escapa a que surjan cambios que abran puerta a la salida.

 

La pregunta ante el estrés es... ¿siento que hay alguna posibilidad de hacer cambios o no hay ninguna posibilidad de revertir el problema? Podemos tener muchos problemas, pero si tenemos la convicción de que está todo encauzado, podemos seguir adelante. Sin embargo, quizás por un problema “menor” nos encontramos ante un callejón sin salida.

 

Hay tres áreas fundamentales en donde se evidencia el estrés:

 

En lo emocional: teniendo tristeza, irritación, frustración y ansiedad.

 

En lo vivencial: fumando, bebiendo y comiendo, en exceso, durmiendo mal, desórdenes en nuestros hábitos.

 

En lo físico: dolores de cabeza, dolores de estómago, o tensiones musculares.

 

Si queremos “atacar” un día nuevo con mayor sabiduría, debemos buscar las alternativas creativas que SÍ tenemos ante cada problema.

 

Dos consejitos cortitos:

 

UNO. Aprende a poner prioridades en tu vida. Sin poner prioridades, es demasiado fácil terminar haciendo aquello que nos resulta más fácil o placentero, y abandonamos las cosas de mayor prioridad. Esto se hace con Biblia, oración, lápiz y papel en mano...y en absoluta reverencia ante el Señor.

 

DOS. Aprende a decir que “no” o “déjame que lo piense”... Es increíble la carga de culpa que tenemos quienes no podemos decir que no... resultando en meternos en cosas que no son prioridad, o cosas que no hacen bien ni edifican. Analiza todas tus responsabilidades hoy y piensa en cuáles estás haciendo por obligación o por descarte... ¿Descarte? ¡Cuidado con un sí rápido! Es mejor consultar con la almohada, con un consejero, y siempre debemos pensar que la vida sólo nos pide lo que somos capaces de hacer. Un hacha afilado puede mucho más que un hacha sin filo.

 

La mayoría de las personas desea administrar mejor su tiempo, pero, ¡nunca llega a hacerlo! El mayor problema es que no se crean las oportunidades necesarias a lograr las cosas. Algunos consejos prácticos:

 

Comprende que el tiempo es oro, y que debemos ser más eficientes al usarlo. (Una buena definición de eficiencia es Máximo Rendimiento con Menor Desperdicio...). No es tanto que tu vida esté fuera de control, sino cómo reaccionas a la vida. Anota todas tus actividades y problemas y escribe al lado de cada uno varias posibilidades de solución ¡a cada una! Eso se llama...tener visión y fe. Puedes atender o no el teléfono durante el almuerzo...puedes apagar la televisión y leer un libro...puedes acostumbrar a que tus hijos pequeños se acuesten antes para que estudies... ¡puedes muchas cosas sin tan solo las analizas!

 

Sé más específico respecto a tus actividades, definiendo tiempo y espacio para hacerlas. Un ama de casa dijo que si se dedicaba a la cocina desde temprano, nunca llegaba al resto de la casa. Lo sabio sería ir dando tiempos a las diferentes actividades y buscando avanzar durante el día a otras actividades. (¿La yapita? ¡La satisfacción de llegar a la noche con más cosas logradas durante el día!).

 

Aprende la ley Pomodoro, que es hacer actividades con pequeños recesos. Es simple y da buenos resultados.  El método Pomodoro te sirve para marcar un ritmo constante y conseguirá que tu rendimiento aumente. Es trabajar/estudiar/leer/ hacer algo con un reloj a mano, indicándote un tiempo de, por ejemplo, 25 minutos, en donde descansarás 5, y vuelves a tu tarea más renovado y motivado.

 

Recuerda que puedes dar lugar a las interrupciones, en tanto sumen a tus prioridades. Sí mi hijo necesita tiempo “extra”, se lo daré. Si mi cónyuge quiere que salgamos a caminar, haré un paréntesis planeado... y luego continuaré con mis otras prioridades.

 

Elimina tanto cachivache en tu vida. Nos enamoramos con tanta facilidad de tantas cositas y objetos y papelitos y recuerdos, que ¡pronto llenamos una habitación! Es necesario ir desprendiéndonos de cosas a la medida que los acumulemos, de modo que (medianamente) siempre estemos al día. Guardemos en el lugar correcto las cosas realmente importantes, y seamos menos piadosos con cosas que simplemente juntan polvo.

 

Los años no vienen más fáciles. Pero con pequeños cambios podemos mejorar nuestros días cada día.

 

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