Cómo empezar un nuevo año

 

Los médicos analizaron que hay un tipo de estrés que aumenta el riesgo de problemas cardíacos. Es el estrés de creer que no puedes hacer nada respecto a los problemas que vives. Es el estrés de la desesperanza. Se ha dicho correctamente que lo que mata no es el trabajo, sino las presiones del trabajo. La impotencia. La frustración. El sentimiento de derrota. El actor australiano Mel Gibson dijo una vez, ¿Cómo puede ser que lo primero que perdamos ante los problemas es la esperanza?”

 

Y al empezar un año nuevito, es como una página en blanco que se abre ante nosotros. El año nuevo, con todos sus afanes, ya es un capítulo cerrado. Corrimos para trabajar, tender camas, cocinar, practicar deportes, estudiar, enviar los chicos al colegio, recibir al cónyuge cada día, prepararnos para las fiestas, estudiar una carrera...y el año anterior se acabó, como un suspiro, o como una explosión...pero se acabó.

 

Quizás no tengamos control de la suba del dólar, de las luchas internas de los partidos políticos, quizás ni siquiera sepamos de dónde vendrá nuestro próximo ingreso familiar...pero sí tenemos la opción de cómo respondemos frente a los problemas. ¿Sentimos que hemos perdido el control de las cosas, que estamos a la deriva...o sentimos que tenemos tela para elegir la actitud correcta aun ante los problemas más difíciles?

 

Una manera de ir despejando el panorama de nuestras vidas es a través de la definición de prioridades. Si no tenemos prioridades claras, terminamos dando vueltas como un perro antes de echarse a dormir. Si no tenemos prioridades claras, nos enredamos en demasiadas actividades y compromisos que nos dejan agotados... ¡hechos una hilacha! (Y un secretito, no esperar llegar al enojo o dolor para determinar las prioridades... ¡mejor es prevenir y organizarnos un poco más!)

 

Si somos personas de lucha, entonces entenderemos que nuestra mayor responsabilidad es saber cómo reaccionar frente a los problemas...y saber que elegimos la actitud correcta las dificultades tienen todas las posibilidades de resolverse y mejorar.

 

Dos pequeños consejitos para el nuevo año:

 

Uno. Sé muy específico en tus prioridades, asignando tiempo y espacio para cada actividad. Ej.: Gimnasia, dos veces por semana por una hora; actividades de solidaridad, cuatro horas, salir con mi cónyuge semanalmente, tres horas, estudiar peluquería, diez horas...escribe todas las cosas que normalmente haces en una semana, y luego ponlas en orden de prioridad dentro de tu agenda...y claro, también habrá que hacer lugar para las interrupciones. Equilibra tus prioridades, un espacio para el cónyuge, otro tiempo para los hijos, un espacio para tu tarea comunitaria y social, un espacio para tu vida personal...y verás que así disminuirás tu estrés. ¡No se puede comer la torta y guardarla a la vez!

 

Dos. Disminuye el desorden a tu alrededor. Lo normal en un hogar es que las cosas se apilan, se pierden, se rompen, y hay un caos habitual en la casa. Una prioridad es que “cada cosa tenga un lugar, y que cada lugar tenga su cosa.” Cada miembro de la familia debe contribuir para este orden dinámico en el hogar; todos pueden colaborar. Tenemos la tentación de acumular excesivas cosas cuando lo que significa es que ocupan más lugar y más polvo...lo mejor es ir desprendiéndonos de las cosas en la marcha que ya no son útiles y evitar juntar demasiadas cosas.

 

Porque al fin y al cabo, es verdad la frase que dice: “Las cosas más importantes de la vida no son cosas.” Cada año, cada mes, cada día, es una nuevo oportunidad de mejorar algo.

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