¿Cómo llego al corazón de mi hijo?

11/07/2015

 

 

Cuentan que un zoológico decidió realizar un experimento para atraer a más visitantes. Con este fin, pusieron en una misma jaula a un león y un mono. Y fue así, el zoológico aumentó en fama y concurrencia ya que todo el mundo quería visitar la jaula del león y el mono. Sin embargo, al pasar el tiempo, un hombre se acercó a un cuidador en el zoológico y le preguntó: “Pero, ¿alguna vez se pelean el mono y el león?” Y el cuidador, con toda sinceridad, dijo: “Sí, claro que hay peleas. Y entonces hay que reponer al mono.”

 

Esta ilustración tragi-cómica nos hace pensar que ¡en nuestras propias casas surgen muchas peleas! La diferencia radica en que... ¡no reemplazamos al mono! Seguimos adelante con nuestras heridas, nuestra ira y ofensas dentro del mismo entorno familiar.

 

Y para minimizar las peleas y construir valores eternos, como padres, tenemos la tremenda responsabilidad de acompañar a nuestros hijos a través del zoológico de la vida... ¡pero que encuentren en casa un lugar de edificación y paz y no de pleitos!

 

Y para acercarnos al corazón del hijo, debiéramos comenzar siendo padres confiables (que guardan las confidencias e intimidades de los hijos con respeto y dignidad), siendo padres que no nos burlamos de ellos, ni somos quienes los echamos abajo con críticas y reprimendas destructivas. Un padre confiable sabe escuchar, y como sabe escuchar, aprende a comprender.

El Dr. Norman Wright escribe la diferencia entre “oír” y “escuchar”: Oír es básicamente para recibir contenido o información para tus propios propósitos. Escuchar es atender y ser empático hacia la persona que está hablando. Oír significa que estás preocupado por lo que ocurre dentro tuyo en la conversación;  escuchar significa que estás tratando de comprender los sentimientos de la otra persona y estás escuchándole por su causa. ¡Practiquemos mucho el escuchar en nuestros hogares, ya que “escuchar” también implica observar, analizar, preguntar!

Y para llegar al corazón de tu hijo, a continuación hay una lista de preguntas a tener en mente en ese diálogo tan precioso. Podrías preguntarle...

 

¿Cuáles son tus sueños?

¿Cuáles son tus mayores preocupaciones hoy?

¿Cuál crees que son tus dones y habilidades?

¿Qué crees que es el diseño de tu vida, qué dones tienes, qué habilidades y sueños tienes?

¿Qué cosas creer que podrás hacer de valor eterno por la gente que te rodea?

¿Cuáles son las personas que te inspiran, sean personajes históricos, ficticios o personas actuales? ¿Por qué te inspiran?

¿Cuáles son tus miedos, y cómo crees que te limitan?

¿Qué es lo que más te gusta de tus estudios hoy? ¿Qué estudios te gustaría realizar en el futuro?

¿Cómo te gustaría que fuera tu futura pareja? ¿Por qué?

 

Encontrarás tesoros preciosos en la vida de tu hijo. Es más, descubrirás cuán importante es para tu hijo saber que te importa su vida. Y recuerda, aun cuando salgan a luz heridas y reproches, no te defiendas ni te excuses. (“Lo que pasa es que estoy tan ocupado.” “No he tenido tiempo para vos porque...” “Si supieras los problemas que tengo...”) ¡Escucha, escucha y comprende! Y si es necesario, pide perdón por haber herido a tu hijo con críticas y opiniones destructivas. Y verás que el corazón de tu hijo se abrirá para recibir toda la bendición y el favor que tengas para darle.

 

Porque al fin y al cabo, tu familia es tu primera responsabilidad y es allí donde debes volcar lo mejor de ti mismo.

 

 

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