¿Y qué de la ansiedad?

 

La vida no es la ausencia de problemas, sino es el equilibrio de la vida frente a los problemas. Una persona debe ver la vida como es, sin negarla, sin disfrazarla, y desde allí poner espíritu de lucha, de entusiasmo.

           

Pero hemos hecho un altar a la preocupación: como que la preocupación tiene mérito; que es imprescindible preocuparse, preocuparse mucho, y preocuparse todo el tiempo. Pero la realidad indica que la preocupación no resuelve los problemas (es más, agrava los problemas físicos y emocionales); una dosis de buen ánimo y alegría hace mucho más por resolver el problema que una actitud de derrota.

            Pero tómese unos minutos para un examen:

            ¿Conduce con impaciencia, enojo y frustración?

            ¿Se pone mal cuando tiene que esperar en una cola?

            ¿Está siempre pensando en lo que debería estar haciendo?

            ¿Le cuesta tomar tiempo para descansar, meditar, disfrutar?

            ¿Se siente culpable por todas las cosas que no tiene resueltas?

            ¿Tiene actitudes de impaciencia hacia sus compañeros de trabajo, su cónyuge, sus hijos?

            ¿Expresa pocas palabras de ánimo y afecto a los suyos?

            ¿Tiene actitudes de crítica y queja (aunque no los exprese siempre) hacia los que lo rodean?

            ¿Habla más de lo que escucha?

            ¿Se excusa diciendo que “No tiene tiempo para nada”?

            ¿Interrumpe mucho en las conversaciones?

            ¿Come apurado? ¿Tiene problemas de digestión?

            ¿Es poco tolerando y comprensivo?

            ¿Se siente frustrado y amargado porque no cree que es valorado?

            Secretamente, ¿envidia a otras personas por sus bienes, logros y trabajos?

 

Estas preguntas seguramente le harán reflexionar de dónde están sus valores, dónde está su corazón. A las preguntas que conteste “sí” piense en qué cosas puede cambiar interiormente para tener una actitud de fe y esperanza. Por ejemplo, los estudios médicos indican que las actitudes de hostilidad e impaciencia contribuyen fuertemente a problemas cardíacos. Es más, se estima de una de cada cinco personas tiene un nivel excesivo de ira y hostilidad como para peligrar la salud. Es así. La ira mata, dicen las investigaciones. 

 

Un científico llamado Williams analizó un test llamado La Escala de la Hostilidad. Williams analiza que la hostilidad tienen tres componentes: cinismo, ira y agresión, lo cual se manifiesta en agitación, actitudes defensivas y antagonismo. La hostilidad abierta multiplica por cinco las probabilidades de sufrir un ataque al corazón.

 

Aristóteles escribió: Cualquier persona puede enfadarse; eso es fácil; pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado adecuado, en el momento adecuado, con el propósito adecuado y de la manera adecuada, eso no es fácil. La expresión abierta de la hostilidad aumenta la presión arterial y afecta al corazón. Benjamín Franklin escribió: Siempre existe un motivo para enfadarse, pero rara vez es un buen motivo.

 

En cuanto a la familia, el mayor peligro de la salud y la felicidad de los niños es, quizás, el enfrentamiento entre los padres. Los estudios importantes dan advertencia: No discutan nunca delante de los hijos; sean cuidadosos en protegerlos de las hostilidades matrimoniales.

 

A Sigmund Freud le preguntaron el secreto de una vida sana, y él respondió: Amar y trabajar. En estos tiempos el trabajo excesivo está literalmente matando a muchas personas; por eso es importante recordar que No vivimos para trabajar, sino que trabajamos para vivir. Un estudio cardiovascular ha analizado lo que se llama Lunes Negro, que es que se producen más ataques al corazón los lunes a las 9 de la mañana más que en ningún otro horario.Y en mundo científico está analizando la importancia de la vida espiritual de las personas, llegando a estas conclusiones: Pacientes con convicciones religiosas tienen mayores probabilidades de curar sus enfermedades. Personas religiosas fuman mucho menos y consumen mucho menos droga. Personas de fe tienen menores enfermedades coronarias, menos cirrosis y menos suicidios. El psiquiatra Victor Frank escribió que no es posible perseguir la felicidad, sino que la felicidad es una consecuencia, añadida y no buscada, de nuestra dedicación personal a un camino mayor que nosotros mismos.

 

Baja tus niveles de ansiedad, primero tomando conciencia de tus ansiedades, para luego ver qué

manera saludable puedes incorporar hábitos que mejoren tu calidad de vida personal, familiar y laboral.

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