La chispa de la vida: el humor

05/07/2015

 

Alguien opinó “¿Le quieres arruinar el día a un amargado? ¡Sonríele!”

Recordemos el siguiente pensamiento, entonces: Cuando te vistas en la mañana, no olvides de colocarte una sonrisa. ¡Deja que tu rostro exprese alegría!  (El problema resultante es, ¿tendrás alegría y buen humor para comunicar? No vaya a ser que tu rostro se parta en cuatro a causa de alguna sonrisa ocasional.)

Según los psicólogos, las personas con mayor sentido de humor son aquellos que se conocen mejor, y pueden reírse con mayor facilidad de sí mismos. Una persona que no puede reírse de sí misma es porque tiene temor a conocerse tal cual es - ¡con arrugas, nariz torcida y todo!

            ¡Descubramos nuestro sentido de humor! ¡Veamos el lado alegre de las cosas! Un refrán dice: El que ríe, dura. O como alguien expresó: Quien no tiene buen humor, está a la merced de los demás. ¡Qué idea para meditar un poco!

            Proverbios 17:22 dice: El corazón alegre constituye buen remedio; mas el espíritu triste seca los huesos.

 Ni qué decir que las tristezas arrugan nuestras almas, y afectan hasta nuestra salud física. Los médicos han determinado que los pacientes con buen sentido de humor son los que recuperan con mayor facilidad su salud.

            Muchos de nosotros arrancamos nuestro día en derrota. ¡Nos despegamos de las sábanas con una actitud ya definida por delante de nosotros! Porque el sentido de humor es más que contar chistes, es más que intentar ser gracioso...ni siquiera es criticar y reírse a costillas de otros. ¡Es practicar el gozo con una actitud de victoria a pesar de las circunstancias!

            ¿Dónde están las prioridades en nuestras vidas? A causa de nuestras actitudes negativas, vemos toda la vida a través de un lente distorsionado y gris...perdiendo de vista el gran propósito de Dios para nuestras vidas.

            Ilustración: Es como el hombre a quien se le descompone el vehículo en un camino de campo. Baja de su coche, y mira a lo lejos una pequeña granja. Decide caminar hacia allí para pedir ayuda. Entre que se va acercando, sus pensamientos son los siguientes.

            - Seguro que no habrá gente en la casa.

            - Seguro no tendrán teléfono.

            - Seguro que no querrán atender a un extraño.

            - Seguro que odian a la gente de la ciudad.

          - Seguro que me tratarán mal.

            Al llegar a la puerta de la casa, el hombre toca el timbre y piensa;

            -¡Seguro me echarán a patadas!

            Cuando el granjero abrió la puerta, el hombre de la ciudad le da un puñetazo en la nariz, diciéndole:

            -¡Quién se cree que es usted!

            Muchos pensamos cosas negativas, lo cual resulta en actitudes agresivas... ¡tal como este pobre hombre! Arrancó derrotado desde sus mismísimos pensamientos. Observemos un pasaje bíblico de Proverbios 23:7 que enfáticamente trata al respecto: Porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es él.

Piensa con más alegría y con más entusiasmo. Practica el buen humor y elige palabras de aliento y ánimo. ¡Sonríe más a menudo!

 

 

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