Lecciones del fracaso

 

David Ogilvy, fundador de la gran agencia de publicidad, regalaba a cada nuevo gerente una muñeca rusa, la cual contenía cinco muñecas progresivamente más pequeñas. En la muñeca más pequeña había un mensaje que decía: “Si cada uno de nosotros toma gente que consideramos menores que nosotros, llegaremos a ser una compañía de enanos. Pero si cada uno de nosotros toma gente que es más grande que nosotros, nos convertiremos en una compañía de gigantes”.

Albert Einstein no habló hasta que tenía cuatro años de edad y no leyó hasta que tenía siete. Su maestro lo definió como mentalmente lento, insociable y distraído. Lo expulsaron del colegio. Cuando llegó a la Universidad de Princeton, en 1935, le preguntaron qué necesitaría para su oficina. Él contestó: “Un escritorio, algunos cuadernos, un lápiz y un gran canasto de basura en donde arrojar mis errores”. Muchos de nosotros simplificaríamos nuestras vidas si vivimos en mayor simplicidad y sencillez.

Winston Churchill, político y escritor inglés, decía que “el éxito no es más que una suma de fracasos bien aprovechados (a eso le dicen experiencia)”. Entre otras cosas, repitió el sexto grado y recién llegó a ser primer ministro de Inglaterra cuando contaba con sesenta y dos años, luego de una vida de fracasos y retrocesos. “Soy un optimista. No tiene mucho sentido ser otra cosa”, escribió Winston Churchill.

El poeta inglés John Keats dijo: "En cierto sentido el fracaso es el camino al éxito, ya que cada descubrimiento de lo que es falso nos lleva a buscar con ansias lo que es verdadero, y cada nueva experiencia nos señala alguna forma de error que más adelante evitaremos con sumo cuidado".

A Louisa May Alcott, autora de "Mujercitas" publicado en 1868, su familia le dijo que buscara trabajo como sirvienta o costurera, ya que no creían que tuviera otras capacidades. Ella dijo: “La vida es mi universidad. ¡Espero graduarme bien y lograr algunos honores!” Y fue así. No se conformó con las palabras de desaliento de su familia, y terminó contando al mundo sus historias de familia y amor.

A la comediante Carol Burnett, su madre le dijo que en lugar de ser actriz fuera locutora (ya que no la consideraba una belleza). Ella se negó a aceptar estas palabras, y triunfó como actriz. Superó palabras que podrían haberla limitado y truncado.

Beethoven manejaba el violín torpemente, y prefería tocar sus propias composiciones en lugar de mejorar sus técnicas. Su maestro dijo que no tenía esperanza alguna como compositor. Qué bueno que no dejó de esforzarse en su camino como músico.

A Walt Disney lo despidió el editor del periódico Kansas City Star por falta de ideas e imaginación en 1919. También fue a la bancarrota varias veces antes de construir Disneylandia, su primer parque temático para la familia. Él escribió: “Sólo espero que no nos olvidemos una cosa: que todo empezó con un ratón”. La primera compañía que fundó a los 22 años en 1923 se fundió. Y tuvo varios “fracasos” más. Recién en 1937 llegó el éxito económico a través del primer largometraje animado en inglés de la historia, filmado en Tecnicolor: Blanca Nieves y los Siete Enanitos. ¿Qué hubiera sido si él hubiera desistido? Walt Disney dijo: “Por acá no miramos atrás por mucho tiempo. Seguimos avanzando hacia adelante, abriendo nuevas puertas y haciendo cosas nuevas, porque somos curiosos… y la curiosidad nos sigue llevando por nuevos caminos”. Qué bueno que Disney siguió tomando caminos nuevos.

Henry Ford falló y fue a la quiebra cinco veces antes de triunfar en los negocios. Pero perseveró en su meta de alcanzar un automóvil económico, accesible a la mayoría.

¿Qué piensas de ti mismo? ¿Lo que otros dicen de ti? ¿O estás aprendiendo a dejar de lado palabras limitantes e hirientes para continuar con tu sueño, con tu proyecto de vida?

Dios piensa lo mejor de ti. Te creó de manera única, y eso significa:

No eres un accidente, ni un descuido. Eres especial.

Eres valioso. Dios puso valor en tu vida.

Eres amado por Dios: y sólo en tu corazón podrás entenderlo.

Tienes un lugar en el corazón de Dios, y te invita a que te acerques a Él.

“Cuando me pare delante de Dios al final de mis días, espero que no me haya quedado ni una pizca de talento para poder decirle, utilicé todo lo que me diste”, escribió Erma Bombeck, humorista y escritora.

Aprende de tus dificultades, suelta el pasado, y vuelve a continuar en tu camino. Tienes mucho por hacer todavía.

 

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